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Lunes, 28 Septiembre 2015 00:00

10 estrategias para estimular la curiosidad

 

¿Qué pasaría en una clase si entrara una jirafa?

Centraría la atención de todo el alumnado y dispersaría la atención del profesor o profesora que estuviera explicando.

“La jirafa despertaría simplemente curiosidad, uno de los ingredientes básicos de la emoción. La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación del conocimiento”.

El cerebro posee neuronas que se activan ante algo diferente, que sale de lo cotidiano, esa emoción generada por la curiosidad de conocer qué es eso distinto nos lleva a querer conocerla y así nos adentramos en la emoción que nos lleva al aprendizaje.

Hoy, insiste Mora, comenzamos a saber que nadie puede aprender nada, y menos de una manera abstracta, a menos que aquello que se vaya a aprender le motive, le diga algo, posea algún significado que encienda la curiosidad.

Hay niños y niñas que manifiestan esa curiosidad espontánea y están predispuestos al aprendizaje: reaccionan de modo positivo, muestran necesidad de saber, exploran nuevas experiencias… Pero hay otros y otras que no se manifiestan así y hay que provocar situaciones para que se les encienda la emoción y la curiosidad por aprender. Esta es la tarea de los docentes cada día, ver cómo vamos a encender esas emociones en el alumnado.

Desde la Neuroeducación se nos proponen algunas estrategias que nos pueden ayudar a encender la curiosidad en aquellos estudiantes que espontáneamente no la tienen. 

Por Dolores Álvarez Peralias. Más Información

@peralias

Publicado en Opiniones EP

El filósofo y pedagogo toledano presentará a los partidos políticos su propuesta ‘Objetivo 5 Años’ para mejorar el sistema educativo de cara a las elecciones generales

Creador de la Universidad de Padres, Marina defiende el estímulo del talento juvenil y afirma que “sin educación, no hay futuro ni encaje social”

Asegura que “todavía utilizamos las tecnologías como los niños a los que les dan un juguete” y proclama que no hay 'ninis', sino "personas desanimadas, decepcionadas y automarginadas"

Más información por Alicia Avilés

Fotografia eldiarioclm.es

 

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Con esta frase, los ganadores de la BBPP educativa Fran Díaz y Luis Fernández del CEIP Vicente Aleixandre de Alcorcón compartían con sus colegas  el foro interactivo sobre la BBPP “la inclusión social de los alumnos con TEA en nuestro centro”, ganadora del segundo premio en el V concurso de buenas prácticas educativas, organizado por la asociación “Mejora tu Escuela Pública”.

Estuvieron acompañados por la directora del centro Loli Sánchez, un gran apoyo desde el principio demostrándoles credibilidad y confianza en el proyecto. Igualmente Pilar González, inspectora de la zona sur de Madrid, que al ver la forma innovadora de trabajar  la diversidad en aula TEA y los resultados que estaban obteniendo, les animó a difundirlo fuera del aula. La moderación del foro corrió a cargo de Carmen Guaita, maestra en el CEIP San Miguel,   

Con la asistencia de colegas de otros centros públicos de Madrid, se sucedieron las preguntas y las respuestas acerca como se había llevado a cabo la mejora  educativa concreta. Hubo testimonios de madres y profesores donde se vio reflejado el trabajo en equipo de Profesores, Equipo Directivo, Orientación, AMPAS y/o familias, integrando el talento colectivo, desarrollando el pensamiento creativo y autónomo de los alumnos;  retos educativos que  estimulan el valor pedagógico del esfuerzo personal

Enlace a entrevista. Pioneros de hacer participes del autismo a toda la comunidad educativa

 

I FORO PARA LA DIFUSIÓN DE BBPP EDUCATIVAS

 

NO TE PIERDAS ESTE FORO

¿Quieres saber cómo las BBPP educativas mejoran la educación?

No te pierdas el taller interactivo

La inclusión social de los alumnos con TEA  en el CEIP Vicente Aleixandre de Alcorcón. Madrid

Buena práctica premiada en el V concurso de BBPP educativas convocado por la asociación “Mejora tú Escuela Pública”

 

*      Un acto único conversando con sus autores: Francisco Díaz y Luis Fernández; para aprender y compartir la BBPP. Con la participación de Carmen Guaita, Maestra de Primaria. Licenciada en Filosofía. Escritora.

*      El Know-How dirigido a alumnos con necesidades educativas especiales

*      Gestión de la diversidad

*      Una oportunidad que puede inspirarte para trabajar en el aula

*      Tomar consciencia  de que tú también tienes una BBPP y puedes participar en el VI concurso organizado por Mejora tu Escuela Pública.

 

Día 22 de Septiembre 2015

Hora: 18,00

Lugar: Colegio Público Vicente Aleixandre

Calle Polvoranca, 35, 28923 Alcorcón, Madrid

 

Cómo llegar

Más Información

Juliana Manrique

Comunicación

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

655245727

 

Asisitencia gratuita. Reserva tu entrada en

https://www.ticketea.com/entradas-charla-compartiendo-bbpp-con-la-escuela-publica/

 

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Madrid, 21 sep (EFE).- El Banco de España celebrará el próximo 5 de octubre el primer día de la Educación Financiera, con el objetivo de "difundir la importancia de la planificación financiera y el ahorro" desde la infancia y hasta la jubilación.

Esta jornada, que se celebrará todos los primeros lunes de octubre, forma parte del programa de Educación Financiera (PEF) promovido por el Banco de España y una larga lista de entidades financieras españolas y en el que participaron más de 25.000 estudiantes de la ESO de 520 centros públicos, concertados y privados durante el último curso.

En los actos programados también participan las empresas adheridas al plan, los ministerios de Economía y Competitividad y Educación, Cultura y Deportes, y las patronales que representan a las entidades financieras españolas (AEB, CECA, UNACC y Asociación Hipotecaria Española), así como instituciones como la Fundación ONCE o la Fundación Mapfre.

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El ministro de Educación, Cultura y Deporte pide la “colaboración” de las Comunidades Autónomas para “facilitar la acogida” de los refugiados sirios

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El último informe PISA sitúa a España por debajo de la media en habilidades tecnológicas

by Pilar Álvarez para el Pais

Mejor uso que abuso. El último informe PISA, que analiza las habilidades digitales de los alumnos, alerta de que utilizar de forma moderada el ordenador en clase ayuda más al aprendizaje que un uso muy frecuente pero sin planificación. En la radiografía por países, España queda por debajo de la media de la OCDE en lectura y resolución de problemas online, que implica saber navegar y buscar fuentes en Internet o elaborar tablas de datos y gráficos desde el ordenador.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) se centra en el último informe PISA en la relación entre ordenadores, alumnos y conocimiento. El estudio compara los resultados en las pruebas que realizaron alumnos de 15 años de 31 países en 2012. Parte de estos exámenes se hicieron desde ordenadores para evaluar habilidades digitales como el uso de los programas, la elección de fuentes e hipervínculos en el examen de lectura o el empleo y elaboración de tablas de datos y gráficos en la prueba de matemáticas.

Entre los países con mejor resultado en lectura digital se encuentran Singapur, Corea del Norte, Hong Kong, Japón o Canadá. España obtiene 466 puntos —frente a 497 de media en la OCDE—. En matemáticas obtiene 475 frente a los 497 de media, con los mismos países a la cabeza. Los resultados son similares también a los que arrojan los exámenes tradicionales (en papel) de la OCDE.

“España tiene un buen nivel de tecnología en las aulas, pero el 5% de los alumnos no sabía siquiera por dónde empezar cuando se enfrentaban a un texto on line; se perdían navegando y pinchaban en el primer vínculo que encontraban”, explica Francesco Avvisati, autor principal del informe. Los alumnos respondieron también a una encuesta sobre sus hábitos con las tecnologías de la información y la comunicación. Los analistas concluyen al cruzar los datos que el uso del ordenador en el colegio no supone una ventaja en sí misma.

No son la clave

El tiempo en clase o la experiencia del docente son más determinantes. “Es bueno que los profesores enseñen a los estudiantes a buscar en Internet de forma inteligente, pero las tecnologías no son útiles si se intenta aprender por ejemplo una lengua haciendo ejercicios repetitivos”, según el autor del trabajo.

El informe destaca su importancia para organizar las prácticas de los alumnos o en el aprendizaje por proyectos. Es decir, son útiles para algunas cosas pero no la clave para todo: “Si un país hace una inversión importante en tecnología sin preguntarse cuáles van a ser los usos, el dinero le servirá de poco”, augura Avvisati.

Catherine L’Ecuyer, autora del libroEducar en la realidad lo resume con otras palabras: “Reducir la brecha digital no es la solución para mejorar los resultados académicos”. Las conclusiones de sus trabajos son similares a las que apunta ahora la OCDE. L’Ecuyer defiende que el uso indiscriminado de las tecnologías “puede suponer un sobreestímulo perjudicial para los alumnos”.

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¿Sabes trasmitir la información a los alumnos/as en diferentes formatos  o canales?

 Las personas procesamos la información que nos viene de fuera de acuerdo con nuestro  canal favorito: el visual, el auditivo, el kinestésico, gustativo y olfativo. Con esto tampoco quiere decir que seamos 100% uno de estos canales, pero sí hay uno que predomina. Las personas con un canal visual potente tienen un sistema de pensamiento circular;  piensan en imágenes que representan  lo que están leyendo, escuchando o viendo y conforme la información avanza pueden ir agregando más imágenes. Las personas auditivas tienen un pensamiento lineal suelen centrase en un idea y cuando ya la tienen completa pasan a la siguiente. Mientras que los kinestésicos contrastan la información que les llega de fuera con las sensaciones, emociones o intuiciones que les produce.

 ¿cómo funciona el pensamiento visual?

Aquí te contamos el poder de lo visual

El pasado martes día 3 de junio se celebró en La Casa del Lector de Matadero Madrid, la sesión #visualmente5 centrada en las posibilidades que tiene el pensamiento visual, Visual Thinking en inglés, en el mundo educativo. La sesión organizada por Visualizamos y dos profesoras del Colegio Alameda de Osuna, Dácil González y Lara Romero, estuvo dividida en dos partes. Una primera de aproximación al concepto de pensamiento visual mediante el trabajo en grupos y la presentación de algunas experiencias educativas. Una segunda de intercambio de opiniones entre los asistentes, eso que ahora se llama el networking.

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Lunes, 14 Septiembre 2015 00:00

No hay alternativa pedagógica a los codos

No hay alternativa pedagógica a los codos

  • 'Yo defiendo el poder educativo de la frustración...'
  • 'Un niño rico escucha 2.150 palabras por hora; el pobre 620'
  • 'Los grandes hombres comparten una característica un poco deprimente: trabajan mucho'
  • 'Todo niño tiene derecho a tener unos padres imperfectos'

BERTA GONZÁLEZ DE VEGA ver en  periódico "El mundo"

Gregorio Luri participó en la III jornada de MEP. Ver Vídeo y dossier de la jornada

Quién lo diría, pero Gregorio Luri no tenía una vocación docente. Sólo sabía que estudiar era la alternativa al campo. Y que Magisterio, en Navarra, es lo que su familia se podía permitir. Ni ir a Zaragoza ni la privada. Cuando habla de los niños pobres, lo hace desde la experiencia, aunque el pudor le impida dar detalles. "Y tanto que sé", dice. Se echó novia, ahora mujer de muchos años, que quiso estudiar Psicología en Barcelona y allí se fueron. Él siguió con Magisterio. Sus padres le enseñaron el "amor al trabajo bien hecho y huir de las excusas, porque es lo que más infecta al alma". "No consigues la autonomía personal echando la culpa a alguien", remata. Si había que ser profesor, sería bueno. Cree que uno se motiva solo, "creando el relato de tu propia vida". "No puedes ir todos los días a trabajar al Paraíso", dice y añade su frase favorita de Nietzsche: "Donde no puedas amar, pasa de largo". Él lo ha buscado. Encontró el amor también en sus libros. El trabajo bien hecho del que le hablaban sus padres. Y en aquella novia, hoy abuela, por la que llegó a Barcelona, donde siempre fue Gregorio, como le habían bautizado. Tiene dos títulos en las librerías, '¿Matar a Sócrates?' y 'Mejor Educados'. Lleva todo el verano inmerso en el siguiente, titulado provisionalmente 'Fe, Esperanza y Caridad', sobre Caridad Mercader, madre de Ramón, el asesino de Trotski. Es Gregorio Luri, navarro en Cataluña.

 Le preocupa que nadie se ocupe en serio de la educación de los niños pobres. Que ahora se diga que los resultados de PISA tienen que ver con el estatus socioeconómico de la familia y poco más...

La diferencia entre los niños culturalmente ricos y los culturalmente pobres es doble. En primer lugar, es una diferencia de conocimientos, porque los ricos siempre están reforzando en casa lo que aprenden en la escuela, mientras que los pobres hay muchas cosas que, si no las aprenden en la escuela, no las aprenden en ningún sitio. Un niño culturalmente rico escucha un promedio de 2.150 palabras por hora, mientras que el pobre apenas llega a las 620. El momento crítico para los niños culturalmente pobres es tercero de Primaria, cuando pasan de aprender a leer a aprender leyendo. Los que mejor leen, más aprenden y las diferencias iniciales se incrementan. El fracaso escolar es básicamente un fracaso lingüístico. El mayor escándalo de nuestra escuela es que, en cuarto de Primaria, ya podemos identificar a los niños que fracasarán académicamente. En segundo lugar, es una diferencia de agenda al acabar la enseñanza obligatoria. Todos sabemos que, para encontrar un trabajo, una buena agenda es más importante que un buen currículo.

¿Ha leído el libro de Amanda Ripley, 'Los chicos más listos del mundo'? Explica cómo la directora de un colegio, en un barrio todo lo pobre y conflictivo que puede ser en Helsinki, dice que procura no empatizar con los problemas de los niños en sus casas...

Hay un profundo cinismo en la oferta de empatía a un niño pobre, porque no le ayuda nada a buscar salidas a su miseria. Los pobres necesitan herramientas intelectuales, no nuestra lástima. Es decir, debemos ofrecerles nuestro respeto. Para ello hay que decirles claramente que no hay alternativa pedagógica a los codos. No existe el aprendizaje fácil de cuestiones complejas por una sencilla razón: la cultura es siempre elitista. Quien no entienda la diferencia entre las obras completas de Georgie Dann y un cuarteto de cuerda de Beethoven, no puede llamarse culto. Esto ha sido siempre así, pero hoy lo es aún más, porque las diferencias entre los intereses espontáneos de un niño y las demandas de conocimiento de la vida adulta son cada vez mayores.

El secretario de Educación en EEUU plantea que los niños que vayan bien académicamente en colegios de barriadas marginales puedan estar internos en colegios con niños similares de lunes a viernes.

Bart Simpson se queja de que, como va retrasado, lo llevan a una clase en la que se trabaja más lento, con lo cual su retraso no deja de incrementar. La pregunta que una escuela con una conciencia de servicio público debe plantearse es: ¿cómo compensar las desigualdades culturales familiares? La respuesta es triple: con profesores de mayor calidad, con una instrucción lineal y más horas de escuela. Hay experiencias internacionales que lo demuestran.

La élite occidental sí que dispone que sus hijos sepan lo que es esforzarse para poder entrar en las mejores universidades. Creo que usted ha acuñado el término para eso, "aristocracia cognitiva". Y eso puede ser origen de mayor desigualdad, algo que se impone como una preocupación del discurso político.

Desgraciadamente la expresión «aristocracia cognitiva» no es mía. Me la he apropiado. Me parece que se percibe una mutación en nuestra pobre meritocracia. El mérito antiguo tenía que ver con la información que manejaba una persona; hoy, cuando la información es cada vez más asequible, lo valioso es lo más escaso y lo más escaso es la atención y la capacidad para identificar, buscar y ordenar la información valiosa, es decir, el criterio. Se dicen muchas vaciedades sobre la escuela del futuro, como que el conocimiento ya no será valioso. Pero para educar la atención y el criterio necesitamos conocimientos. El interés no es el motor del conocimiento, sino que el conocimiento es el motor del interés. El ignorante no tiene interés por lo que ignora porque no sabe ni que lo ignora, mientras que cuanto más sabemos de algo, más interés le descubrimos, más fácil aprendemos cosas nuevas y con más placer lo comunicamos.

¿Usted echa en falta en los discursos pedagógicos actuales, muy centrados en la creatividad, conceptos como el autocontrol y el coraje?

Echo en falta más rigor. ¡Qué dejen de presentarnos como innovaciones experimentos fracasados hace cien años! Los que nos aseguran que la creatividad puede enseñarse deberían decirnos a quién se la han enseñado. Los demás no sabemos cómo producir ni Picassos ni Steve Jobs. Allí donde hay una personalidad creativa lo que encontramos es a alguien que conoce bien su oficio, que le dedica muchas horas y que es capaz de concentrarse intensamente en los problemas que desea resolver. Para eso necesita tener conocimientos. Los grandes hombres comparten una característica un poco deprimente: todos trabajan mucho.

También cree que hay un abuso del concepto de espontaneidad, como si reprimirla fuera un sinónimo de opresión casi fascista.

Eso que llamamos cultura es posible porque somos capaces de abrir un espacio para la reflexión entre la aparición de un deseo y su satisfacción. Los deseos son caprichosos y se despiertan sin pedir permiso en cualquier parte. Yo defiendo el poder educativo de la frustración, que es la represión que es capaz de ejercer un pastelero sobre sí mismo para no comerse los ingredientes mientras hace un pastel. Sin autocontrol, sin la capacidad para abrir el espacio de reflexión, no hay pensamiento estratégico. La idea de que la educación ha de desarrollar todas las capacidades del niño sólo pudo nacer entre pedagogos sin hijos que nunca impartieron clases a adolescentes. Hay muchas potencialidades que deben reprimirse: el robo, la mentira, la laxitud, etc.

Y el caso es que son miles de padres los que han leído mucho sobre educación, más que nunca quizás; o sea, los que sienten una obligación de educar bien a su hijo y, si no lo consiguen, se sienten culpables y responsables.

La mayor parte de la literatura pedagógica dirigida a las familias no tiene por misión enseñar la naturaleza de la paternidad, sino ocultarla. Es hija de la pedagogía new age, que cree que un deseo es un hecho, y del mito tecnológico contemporáneo, que nos asegura que hay una respuesta precisa para cada problema. En las cosas humanas no es así. Ni los deseos son hechos, ni hay manera de controlar el azar. Eso que llamamos educar hay que tomárselo con mucha humildad. Podemos colaborar en el desarrollo de nuestros hijos y, sobre todo, evitar ciertos errores de bulto, pero la vida de nuestros hijos nunca está dúctilmente presente ante nuestras manos. Una familia no es un tubo de ensayo. Esto debería contribuir a relajarnos. Yo defiendo la introducción de dos nuevos artículos en los derechos del niño: "Todo niño tiene derecho a tener unos padres imperfectos» y «Todo niño tiene derecho a tener unos padres tranquilos".

"Para educar éticamente hay que ser ético. No hay otra", dice usted.

Educamos por impregnación. El órgano educativo de nuestro hijo es el ojo, no el oído. Y la impregnación es más eficaz cuando no sabemos que estamos educando, cuando nos comportamos espontáneamente, cuando mejor se exhiben nuestras convicciones morales. Si asumimos esto, debemos asumir también que no siempre damos a nuestros hijos ejemplos intachables. Para compensar la diferencia de altura entre nuestros buenos propósitos y nuestra conducta, sólo hay un medio: el amor. Una familia normal es un enorme chollo psicológico, capaz de sobrellevar sus neurosis cotidianas sin demasiadas estridencias.

Los niños varones son los que peor lo están haciendo en los exámenes y el fracaso escolar se ceba con ellos. Usted cree que conceptos como «coraje» están en el olvido porque, quizás, se asocia con cierto machismo. Hay países en los que se plantea la educación diferenciada como una solución. ¿Cómo lo ve?

Hay cuestiones escolares que tienen que ver más con los derechos civiles de una ciudadanía adulta en una sociedad liberal que con las opiniones de los pedagogos. La educación diferenciada o la educación en casa son dos ejemplos. Si el ciudadano propietario está convencido de que nadie puede imponerle una ideología política, una religión, una orientación sexual o estética, un modelo familiar, etc., ¿por qué ha de confiar la educación de sus hijos al Estado? Este es un problema mayor que ya, de hecho, está afectando a todos nuestros debates escolares, de ahí las crecientes dificultades de los legisladores para alcanzar consensos educativos amplios. Cada vez será más difícil ponernos de acuerdo sobre los contenidos mínimos que han de dominar las nuevas generaciones y cada vez será más necesario que los padres asuman la trayectoria educativa de sus hijos. Es más fácil y más cómodo criticar al ministro de Educación, sea el que sea, aunque no dispongamos de ningún paraíso educativo al que retornar, que llegar a un pacto educativo eficiente, amplio y estable. A los hechos me remito.

En muchas memorias de británicos de principios del siglo XX hablan de la obsesión de aquellos internados por forjarles el "carácter".

La educación del carácter es esencial en la tradición pedagógica británica y no se puede decir que les haya ido mal. Se ha llegado a decir que las guerras mundiales las ganaron los británicos en los campos de deporte de Eton. Incluso ahora Nicky Morgan, secretaria de Educación, insiste en que la educación del carácter ha de ser equiparable a la formación académica. Nosotros consideramos mucho más ese discurso bonito de la educación en valores que es un fomento de la náusea en lugar del apetito. Les intentamos inculcar a nuestros alumnos lo mal que se han de sentir ante determinadas conductas, pero no les impulsamos a dar ejemplo, es decir, a manifestar sus valores en sus conductas.

La excelencia está en boca de los políticos pero al hablar de ayudas a los alumnos excelentes, muchos se rasgan las vestiduras. No así con los deportistas de élite. ¿Por qué?

La excelencia es un concepto que cada vez genera más reticencias en la escuela al mismo tiempo que es cada vez más demandado en sociedad, incluso por los pedagogos cuando van al dentista. La escuela ha sacralizado la equidad. Nadie pone en cuestión este principio socialdemócrata, ¿pero una equidad que no garantice la movilidad social, puede dejarnos satisfechos? En Andalucía, para un pobre será más relevante que pueda haber movilidad social que la equidad, pero claro, un sistema educativo con todos con un cuatro es muy equitativo. Los sistemas de éxito dan más excelencia que deficiencia, porque incrementan el capital social. Si producen más deficiencia que excelencia, y esto se puede comprobar con una resta en los resultados de PISA, o importan excelencia o tendrán un problema con su desarrollo futuro. La escuela tradicional estaba concebida como un puente de confianza entre la familia, donde el niño es querido incondicionalmente por ser quien es, y la sociedad, donde somos valorados condicionalmente, según lo que sepamos hacer. No tengo claro que la escuela sepa hoy cuál es su función. Obviamente, si se pierde el sentido de la función, se pierde también el de la excelencia.

 

Publicado en Entrevistas
Domingo, 13 Septiembre 2015 00:00

No hay alternativa pedagógica a los codos

No hay alternativa pedagógica a los codos

  • 'Yo defiendo el poder educativo de la frustración...'
  • 'Un niño rico escucha 2.150 palabras por hora; el pobre 620'
  • 'Los grandes hombres comparten una característica un poco deprimente: trabajan mucho'
  • 'Todo niño tiene derecho a tener unos padres imperfectos'

BERTA GONZÁLEZ DE VEGA ver en  periódico "El mundo"

Quién lo diría, pero Gregorio Luri no tenía una vocación docente. Sólo sabía que estudiar era la alternativa al campo. Y que Magisterio, en Navarra, es lo que su familia se podía permitir. Ni ir a Zaragoza ni la privada. Cuando habla de los niños pobres, lo hace desde la experiencia, aunque el pudor le impida dar detalles. "Y tanto que sé", dice. Se echó novia, ahora mujer de muchos años, que quiso estudiar Psicología en Barcelona y allí se fueron. Él siguió con Magisterio. Sus padres le enseñaron el "amor al trabajo bien hecho y huir de las excusas, porque es lo que más infecta al alma". "No consigues la autonomía personal echando la culpa a alguien", remata. Si había que ser profesor, sería bueno. Cree que uno se motiva solo, "creando el relato de tu propia vida". "No puedes ir todos los días a trabajar al Paraíso", dice y añade su frase favorita de Nietzsche: "Donde no puedas amar, pasa de largo". Él lo ha buscado. Encontró el amor también en sus libros. El trabajo bien hecho del que le hablaban sus padres. Y en aquella novia, hoy abuela, por la que llegó a Barcelona, donde siempre fue Gregorio, como le habían bautizado. Tiene dos títulos en las librerías, '¿Matar a Sócrates?' y 'Mejor Educados'. Lleva todo el verano inmerso en el siguiente, titulado provisionalmente 'Fe, Esperanza y Caridad', sobre Caridad Mercader, madre de Ramón, el asesino de Trotski. Es Gregorio Luri, navarro en Cataluña.

 

Le preocupa que nadie se ocupe en serio de la educación de los niños pobres. Que ahora se diga que los resultados de PISA tienen que ver con el estatus socioeconómico de la familia y poco más...

La diferencia entre los niños culturalmente ricos y los culturalmente pobres es doble. En primer lugar, es una diferencia de conocimientos, porque los ricos siempre están reforzando en casa lo que aprenden en la escuela, mientras que los pobres hay muchas cosas que, si no las aprenden en la escuela, no las aprenden en ningún sitio. Un niño culturalmente rico escucha un promedio de 2.150 palabras por hora, mientras que el pobre apenas llega a las 620. El momento crítico para los niños culturalmente pobres es tercero de Primaria, cuando pasan de aprender a leer a aprender leyendo. Los que mejor leen, más aprenden y las diferencias iniciales se incrementan. El fracaso escolar es básicamente un fracaso lingüístico. El mayor escándalo de nuestra escuela es que, en cuarto de Primaria, ya podemos identificar a los niños que fracasarán académicamente. En segundo lugar, es una diferencia de agenda al acabar la enseñanza obligatoria. Todos sabemos que, para encontrar un trabajo, una buena agenda es más importante que un buen currículo.

¿Ha leído el libro de Amanda Ripley, 'Los chicos más listos del mundo'? Explica cómo la directora de un colegio, en un barrio todo lo pobre y conflictivo que puede ser en Helsinki, dice que procura no empatizar con los problemas de los niños en sus casas...

Hay un profundo cinismo en la oferta de empatía a un niño pobre, porque no le ayuda nada a buscar salidas a su miseria. Los pobres necesitan herramientas intelectuales, no nuestra lástima. Es decir, debemos ofrecerles nuestro respeto. Para ello hay que decirles claramente que no hay alternativa pedagógica a los codos. No existe el aprendizaje fácil de cuestiones complejas por una sencilla razón: la cultura es siempre elitista. Quien no entienda la diferencia entre las obras completas de Georgie Dann y un cuarteto de cuerda de Beethoven, no puede llamarse culto. Esto ha sido siempre así, pero hoy lo es aún más, porque las diferencias entre los intereses espontáneos de un niño y las demandas de conocimiento de la vida adulta son cada vez mayores.

El secretario de Educación en EEUU plantea que los niños que vayan bien académicamente en colegios de barriadas marginales puedan estar internos en colegios con niños similares de lunes a viernes.

Bart Simpson se queja de que, como va retrasado, lo llevan a una clase en la que se trabaja más lento, con lo cual su retraso no deja de incrementar. La pregunta que una escuela con una conciencia de servicio público debe plantearse es: ¿cómo compensar las desigualdades culturales familiares? La respuesta es triple: con profesores de mayor calidad, con una instrucción lineal y más horas de escuela. Hay experiencias internacionales que lo demuestran.

La élite occidental sí que dispone que sus hijos sepan lo que es esforzarse para poder entrar en las mejores universidades. Creo que usted ha acuñado el término para eso, "aristocracia cognitiva". Y eso puede ser origen de mayor desigualdad, algo que se impone como una preocupación del discurso político.

Desgraciadamente la expresión «aristocracia cognitiva» no es mía. Me la he apropiado. Me parece que se percibe una mutación en nuestra pobre meritocracia. El mérito antiguo tenía que ver con la información que manejaba una persona; hoy, cuando la información es cada vez más asequible, lo valioso es lo más escaso y lo más escaso es la atención y la capacidad para identificar, buscar y ordenar la información valiosa, es decir, el criterio. Se dicen muchas vaciedades sobre la escuela del futuro, como que el conocimiento ya no será valioso. Pero para educar la atención y el criterio necesitamos conocimientos. El interés no es el motor del conocimiento, sino que el conocimiento es el motor del interés. El ignorante no tiene interés por lo que ignora porque no sabe ni que lo ignora, mientras que cuanto más sabemos de algo, más interés le descubrimos, más fácil aprendemos cosas nuevas y con más placer lo comunicamos.

¿Usted echa en falta en los discursos pedagógicos actuales, muy centrados en la creatividad, conceptos como el autocontrol y el coraje?

Echo en falta más rigor. ¡Qué dejen de presentarnos como innovaciones experimentos fracasados hace cien años! Los que nos aseguran que la creatividad puede enseñarse deberían decirnos a quién se la han enseñado. Los demás no sabemos cómo producir ni Picassos ni Steve Jobs. Allí donde hay una personalidad creativa lo que encontramos es a alguien que conoce bien su oficio, que le dedica muchas horas y que es capaz de concentrarse intensamente en los problemas que desea resolver. Para eso necesita tener conocimientos. Los grandes hombres comparten una característica un poco deprimente: todos trabajan mucho.

También cree que hay un abuso del concepto de espontaneidad, como si reprimirla fuera un sinónimo de opresión casi fascista.

Eso que llamamos cultura es posible porque somos capaces de abrir un espacio para la reflexión entre la aparición de un deseo y su satisfacción. Los deseos son caprichosos y se despiertan sin pedir permiso en cualquier parte. Yo defiendo el poder educativo de la frustración, que es la represión que es capaz de ejercer un pastelero sobre sí mismo para no comerse los ingredientes mientras hace un pastel. Sin autocontrol, sin la capacidad para abrir el espacio de reflexión, no hay pensamiento estratégico. La idea de que la educación ha de desarrollar todas las capacidades del niño sólo pudo nacer entre pedagogos sin hijos que nunca impartieron clases a adolescentes. Hay muchas potencialidades que deben reprimirse: el robo, la mentira, la laxitud, etc.

Y el caso es que son miles de padres los que han leído mucho sobre educación, más que nunca quizás; o sea, los que sienten una obligación de educar bien a su hijo y, si no lo consiguen, se sienten culpables y responsables.

La mayor parte de la literatura pedagógica dirigida a las familias no tiene por misión enseñar la naturaleza de la paternidad, sino ocultarla. Es hija de la pedagogía new age, que cree que un deseo es un hecho, y del mito tecnológico contemporáneo, que nos asegura que hay una respuesta precisa para cada problema. En las cosas humanas no es así. Ni los deseos son hechos, ni hay manera de controlar el azar. Eso que llamamos educar hay que tomárselo con mucha humildad. Podemos colaborar en el desarrollo de nuestros hijos y, sobre todo, evitar ciertos errores de bulto, pero la vida de nuestros hijos nunca está dúctilmente presente ante nuestras manos. Una familia no es un tubo de ensayo. Esto debería contribuir a relajarnos. Yo defiendo la introducción de dos nuevos artículos en los derechos del niño: "Todo niño tiene derecho a tener unos padres imperfectos» y «Todo niño tiene derecho a tener unos padres tranquilos".

"Para educar éticamente hay que ser ético. No hay otra", dice usted.

Educamos por impregnación. El órgano educativo de nuestro hijo es el ojo, no el oído. Y la impregnación es más eficaz cuando no sabemos que estamos educando, cuando nos comportamos espontáneamente, cuando mejor se exhiben nuestras convicciones morales. Si asumimos esto, debemos asumir también que no siempre damos a nuestros hijos ejemplos intachables. Para compensar la diferencia de altura entre nuestros buenos propósitos y nuestra conducta, sólo hay un medio: el amor. Una familia normal es un enorme chollo psicológico, capaz de sobrellevar sus neurosis cotidianas sin demasiadas estridencias.

Los niños varones son los que peor lo están haciendo en los exámenes y el fracaso escolar se ceba con ellos. Usted cree que conceptos como «coraje» están en el olvido porque, quizás, se asocia con cierto machismo. Hay países en los que se plantea la educación diferenciada como una solución. ¿Cómo lo ve?

Hay cuestiones escolares que tienen que ver más con los derechos civiles de una ciudadanía adulta en una sociedad liberal que con las opiniones de los pedagogos. La educación diferenciada o la educación en casa son dos ejemplos. Si el ciudadano propietario está convencido de que nadie puede imponerle una ideología política, una religión, una orientación sexual o estética, un modelo familiar, etc., ¿por qué ha de confiar la educación de sus hijos al Estado? Este es un problema mayor que ya, de hecho, está afectando a todos nuestros debates escolares, de ahí las crecientes dificultades de los legisladores para alcanzar consensos educativos amplios. Cada vez será más difícil ponernos de acuerdo sobre los contenidos mínimos que han de dominar las nuevas generaciones y cada vez será más necesario que los padres asuman la trayectoria educativa de sus hijos. Es más fácil y más cómodo criticar al ministro de Educación, sea el que sea, aunque no dispongamos de ningún paraíso educativo al que retornar, que llegar a un pacto educativo eficiente, amplio y estable. A los hechos me remito.

En muchas memorias de británicos de principios del siglo XX hablan de la obsesión de aquellos internados por forjarles el "carácter".

La educación del carácter es esencial en la tradición pedagógica británica y no se puede decir que les haya ido mal. Se ha llegado a decir que las guerras mundiales las ganaron los británicos en los campos de deporte de Eton. Incluso ahora Nicky Morgan, secretaria de Educación, insiste en que la educación del carácter ha de ser equiparable a la formación académica. Nosotros consideramos mucho más ese discurso bonito de la educación en valores que es un fomento de la náusea en lugar del apetito. Les intentamos inculcar a nuestros alumnos lo mal que se han de sentir ante determinadas conductas, pero no les impulsamos a dar ejemplo, es decir, a manifestar sus valores en sus conductas.

La excelencia está en boca de los políticos pero al hablar de ayudas a los alumnos excelentes, muchos se rasgan las vestiduras. No así con los deportistas de élite. ¿Por qué?

La excelencia es un concepto que cada vez genera más reticencias en la escuela al mismo tiempo que es cada vez más demandado en sociedad, incluso por los pedagogos cuando van al dentista. La escuela ha sacralizado la equidad. Nadie pone en cuestión este principio socialdemócrata, ¿pero una equidad que no garantice la movilidad social, puede dejarnos satisfechos? En Andalucía, para un pobre será más relevante que pueda haber movilidad social que la equidad, pero claro, un sistema educativo con todos con un cuatro es muy equitativo. Los sistemas de éxito dan más excelencia que deficiencia, porque incrementan el capital social. Si producen más deficiencia que excelencia, y esto se puede comprobar con una resta en los resultados de PISA, o importan excelencia o tendrán un problema con su desarrollo futuro. La escuela tradicional estaba concebida como un puente de confianza entre la familia, donde el niño es querido incondicionalmente por ser quien es, y la sociedad, donde somos valorados condicionalmente, según lo que sepamos hacer. No tengo claro que la escuela sepa hoy cuál es su función. Obviamente, si se pierde el sentido de la función, se pierde también el de la excelencia.

 

Publicado en Noticias
Viernes, 11 Septiembre 2015 00:00

10 sugerencias para promover la creatividad

10 SUGERENCIAS PARA PROMOVER LA CREATIVIDAD EN NUESTROS ALUMNOS

en el blog de @Manu_Velasco
 
 
 
Decía Albert Einstein: "El regalo de la fantasía y la esperanza ha significado mucho más para mí que la capacidad de absorber y retener conocimiento."
 
Esta frase me ha hecho reflexionar y plantearme varias preguntas:
- ¿Estamos creando las circunstancias adecuadas para que la creatividad de nuestros alumnos salga a la luz?
- En muchas ocasiones, ¿es verdad que nos dedicamos a imponer actividades que consideramos que los niños necesitan?
- ¿Qué enseñanza estamos priorizando en el sistema educativo?
- ¿Potenciamos el talento de nuestros alumnos?
 
Estos interrogantes suponen el primer paso para llegar a valorar y desarrollar el talento y la creatividad de nuestro alumnado. No podemos conformarnos con mirar a nuestros alumnos, tenemos que verlos. Ver qué les inspira, qué les llama la atención, qué se les da bien, qué les entusiasma, cuáles son sus miedos o temores. Si los vemos los comprenderemos, los aceptaremos y los conoceremos de verdad.
 
Estamos en la era del talento, la era que nos exige innovar, crear, ser diferentes... Y tenemos que preparar a nuestros alumnos para ella teniendo muy claro que la innovación siempre está a expensas de la creatividad permitida.
 
Con todo esto mi pregunta final es: ¿Qué se puede hacer en los centros educativos para promover la creatividad de los alumnos?La respuesta os la dejo en el cartel de abajo. Podéis descargarlo en PDF en el siguiente enlace 10 sugerencias para promover la creatividad en nuestros alumnos.
Publicado en Opiniones EP

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