Martes, 19 Enero 2021 | Login

 

¿Qué pasaría en una clase si entrara una jirafa?

Centraría la atención de todo el alumnado y dispersaría la atención del profesor o profesora que estuviera explicando.

“La jirafa despertaría simplemente curiosidad, uno de los ingredientes básicos de la emoción. La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación del conocimiento”.

El cerebro posee neuronas que se activan ante algo diferente, que sale de lo cotidiano, esa emoción generada por la curiosidad de conocer qué es eso distinto nos lleva a querer conocerla y así nos adentramos en la emoción que nos lleva al aprendizaje.

Hoy, insiste Mora, comenzamos a saber que nadie puede aprender nada, y menos de una manera abstracta, a menos que aquello que se vaya a aprender le motive, le diga algo, posea algún significado que encienda la curiosidad.

Hay niños y niñas que manifiestan esa curiosidad espontánea y están predispuestos al aprendizaje: reaccionan de modo positivo, muestran necesidad de saber, exploran nuevas experiencias… Pero hay otros y otras que no se manifiestan así y hay que provocar situaciones para que se les encienda la emoción y la curiosidad por aprender. Esta es la tarea de los docentes cada día, ver cómo vamos a encender esas emociones en el alumnado.

Desde la Neuroeducación se nos proponen algunas estrategias que nos pueden ayudar a encender la curiosidad en aquellos estudiantes que espontáneamente no la tienen. 

Por Dolores Álvarez Peralias. Más Información

@peralias

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información