Viernes, 30 Octubre 2020 | Login
Construye jugando

Todos sabemos que dos más dos son cuatro. Y los niños saben que cuando alguien les hace un regalo deben de dar las gracias. Pero eso son normas que, de algún modo, están establecidas, y la a creatividad es la forma que tenemos de inventar nuestras propias reglas; y los niños deben saberlo. Por ello, debemos enseñarles la capacidad que tienen de crear por sí mismos.

Por Camino Casado

La creatividad como tal surge de la fantasía y la imaginación, y sale de lo convencional para llenar los huecos que la mente racional no es capaz de recopilar; de pensamientos e ideas que van más allá de la realidad. Y esto no sólo se aplica a los adultos, ya que los niños son los que pueden desarrollar un gran potencial que de mayores les será de gran ayuda. Y como siempre, los padres deben ser los impulsores; deben aprender a darles alas; pero no decirles como volar.

“Los padres son los primeros que tienen que tener una predisposición hacia la creatividad, de manera que le permitan al niño jugar libremente, inventar y que no coarten su juego indicándole cómo tiene que hacerlo” afirma Sonia Pérez Romera, experta en contenidos pedagógicos de Imaginarium.


La creatividad, expresión de libertad

Todo lo que los niños necesitan para ser verdaderamente creativos es la libertad para comprometerse por completo al esfuerzo, y convertir la actividad en la cual están trabajando en algo propio y de lo que se sientan orgullosos.

“Es fundamental que el niño no esté ni coartado ni plenamente dirigido por el adulto. Hay que dejar que el niño juegue con el juguete como quiera o que invente nuevas normas sin decirle por ello frases como “así no se juega” o “esto lo has puesto mal”. Esto hará que no esconda su creatividad al pensar que no está jugando al juego correctamente”, asevera Sonia Pérez.

“A día de hoy, los niños, y por desgracia los adultos, tenemos demasiadas ocasiones en las que nuestra creatividad se ve cortada. Acostumbramos a los niños a usar los objetos de una determinada manera y con un fin concreto, perseguimos las formas únicas de entender las cosas, les enseñamos fórmulas únicas de responder preguntas, de aprender temas, de resolver ejercicios, incluso los itinerarios escolares son muy concretos”, dice Juanjo Almenara, pedagogo y director de la oficina de Kumon en Madrid.


Actividades acordes con la edad

Lo importante es recordar que en cualquier actividad creativa lo fundamental es el proceso de la expresión propia. Las experiencias creativas ayudan los niños a mostrar y enfrentar sus sentimientos. La creatividad también fomenta el crecimiento mental en niños porque provee oportunidades para ensayar nuevas ideas y probar nuevas formas de pensar y de solucionar problemas.

Las actividades creativas deben estar acordes a su edad, ya que no todos los juegos pueden ayudarles a fomentar su proceso creativo.
“A los más pequeñitos, les podemos dar vehículos y muñequitos que representen objetos y personajes de la vida real para que los vayan identificando y hagan su primer acercamiento al mundo social. También pinturas para los primeros garabatos.

Posteriormente, cuando entramos en la etapa del juego simbólico les podemos proporcionar juegos de construcción o maletines de oficios y cocinitas que les permitan imaginar situaciones y representarlas.

Cuando el niño ya tiene la coordinación bastante desarrollada puede empezar a jugar con los juegos de manualidades que requieren habilidad como crear joyas con abalorios, o recortables. Los libros también estimulan la creatividad, ya que todas sus historias hacen que los niños las imaginen, las representen en su cabeza y anticipen un final”, resalta Sonia Pérez.


Quitarles el miedo a fracasar

Debemos enseñar a los niños a que cuando no saben hacer algo o las cosas se complican, no siempre habrá un adulto al lado que le ayude y le solucione el problema.
“Debemos dejar que “lo intenten”, debemos evitar que los niños tengan miedo a equivocarse. Eso ocurre mucho en la sociedad y escuela actual. Hemos sido capaces de desarrollar en nuestros niños un miedo atroz a equivocarse, claro, porque el error está visto y entendido como algo negativo, no como lo que realmente es, una nueva oportunidad de aprendizaje”, dice el pedagogo Juanjo Almenara.

Todos los niños nacen creativos, enormemente creativos, y es responsabilidad de los mayores que lo sigan siendo.

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