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Con la llegada de la preadolescencia y la adolescencia el cuerpo de tus hijos cambia y se va convirtiendo poco a poco en el de un adulto. Pero los cambios no son solo físicos, sino que además van acompañados de un desarrollo psicológico y social complejo que los padres no siempre saben cómo afrontar. Recopilamos ocho consejos y una completa selección de recursos para que comprendas los cambios que experimentan tus hijos durante esta etapa, afrontes los retos que suponen y les ayudes a convertirse en adultos responsables y equilibrados.

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OCHO CONSEJOS PARA AFRONTAR ESTA ETAPA

La preadolescencia marca el paso de la niñez a la adolescencia y se sitúa entre los 9 y los 13 años. A partir de los 13 años la preadolescencia da paso a la adolescencia y los cambios se aceleran todavía más. Ambas etapas integran un período en el que el niño ya no es pequeño pero tampoco adulto y los cambios en la apariencia (el cuerpo, los rasgos, la voz…) van acompañados de modificaciones en los comportamientos, emociones y conductas, que mezclan actitudes infantiles y juveniles. Generalmente, el fin de la adolescencia y la llegada de la juventud se establecen entre los 18 y los 20 años.

Es importante estar atentos al desarrollo del niño durante estos años para detectar posibles problemas y ayudarle cuando lo necesite. Los siguientes consejos te darán claves para estar a su lado y saber reaccionar ante los cambios o conflictos.

  1. Mantén la calma y apóyale. Es importante que tengas paciencia y recuerdes que, aunque a veces muestre rechazo, en esta etapa el niño necesita especialmente el apoyo de las personas que le rodean y le quieren. Se trata de un periodo confuso y en el que la autoestima baja y la seguridad se tambalea. Esto puede generar agresividad, cambios de humor repentinos o actitudes duras hacia los padres, pero trata de evitar el enfrentamiento, aporta siempre la visión adulta y muéstrale tu cariño incondicional.
  2. Escucha y pregunta. Durante esta etapa el adolescente puede tender al aislamiento y evitar las conversaciones con los padres. Haz que se sienta escuchado cuando se decida a contarte algo, no le juzgues, pregúntale cómo se siente, pide su opinión y demuéstrale que te interesa lo que piensa. Puedes aprovechar momentos cotidianos y tranquilos para dedicar tiempo a charlar de todo tipo de temas, ayudarle a comprender sus sentimientos, sus cambios físicos o las nuevas experiencias a las que se enfrenta y fomentar la comunicación en el ámbito familiar.
  3. Fomenta el razonamiento y la lógica. El cuerpo de tu hijo está cambiando pero su capacidad de tomar decisiones y actuar con lógica y responsabilidad todavía no ha madurado. Por eso es importante que le guíes, trabajes con él el pensamiento razonado y crítico y el respeto mutuo. Con ello le ayudarás a afrontar las transformaciones cognitivas que está experimentando y a desarrollar las estrategias intelectuales que exige la edad adulta.
  4. Trabaja la responsabilidad. Si das a tu hijo ciertas responsabilidades, teniendo en cuenta su grado de madurez y a sus capacidades, le mostrarás que empiezas a tratarle como un adulto y ayudarás a su desarrollo psicológico y a la adquisición de valores.
  5. Involúcrate en su educación. El fracaso escolar es uno de los peligros de esta etapa y tu labor es importante para evitarlo. Apoya su esfuerzo, infórmate de sus avances en el centro escolar y destaca sus capacidades y destrezas. Es recomendable controlar especialmente que se mantengan unas rutinas en casa que completen el trabajo en el aula, para evitar que el adolescente pierda el ritmo y el interés, quede atrás en el centro escolar y se plantee el abandono de los estudios. También será el momento de que le ayudes en la toma de decisiones respecto a los estudios y su futuro laboral.
  6. Mantén unas normas. Aunque le des cierta libertad y autonomía, las reglas y la rutina ayudan a establecer la estructura de seguridad que el adolescente necesita. Sin embargo, permite cierta negociación al establecer las normas, evita presionarle y no crees expectativas demasiado altas que no pueda alcanzar. El fracaso es parte del aprendizaje, y el castigo, en caso de comportamientos inadecuados, debe ser razonable y constructivo.
  7. Cuida su salud. Aunque la adolescencia es una etapa con menos riesgo de enfermedad que la infancia, hay que seguir cuidando el cuerpo para que el desarrollo sea correcto. La alimentación es fundamental, al igual que un descanso adecuado y el ejercicio físico, muy recomendable a estas edades.
  8. Vigila sus comportamientos y, ante problemas serios, busca ayuda. A estas edades pueden aparecer rasgos de agresividad o depresión, los primeros acercamientos al alcohol y las drogas, amistades poco recomendables, trastornos alimenticios o signos de adicción a la tecnología, Internet o las redes sociales. Es importante que estés atento a cualquier detalle preocupante en la actitud de tu hijo y lo comentéis con naturalidad. Si tienes dudas o lo consideras necesario, consulta con el centro escolar y acude a un profesional de la psicología. Con ello también le enseñarás que no es necesario afrontar solo los problemas y que debe pedir ayuda cuando lo necesite.

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